jueves, 19 de mayo de 2011

Espantapájaros- Oliverio Girondo

Va un texto muy admirado por quienes compartimos el Vuelo, del genial Oliverio...


Espantapájaros

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible

- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

OLIVERIO GIRONDO

domingo, 21 de noviembre de 2010

"El carnaval de tu mirada"

Última producción poética colectiva de esta serie, creadas en el taller lietrario a cuyo cierre de ciclo están todas y todos invitados: el próximo sábado 04 de diciembre a las 19:00 hs. en Don Bosco 47, San Isidro (un ritual de lecturas y brindis).

Luego compartiremos producciones individuales de este año, por este medio.

Gracias a quienes se hacen eco de este juego de palabras y sentidos.

Cuatro formas de hacer lo que quiero

Una noche calurosa se me ha de presentar. Era tan extraña que mi cuerpo ha de temblar como redoblante en el carnaval de tu mirada, directo al cañaveral, bajando la barranca, deseando no terminar con la boca partida. Pero los ojos enteros de una sonrisa de margarita embadurnada de deshojes. Lluvias resecas de costras, de nubes sin calor, que no se condensan nunca… Como semillas en el viento. Como amores que no surgieron.